martes, 24 de enero de 2012

Libros, ¿quién necesita algo más?

Cuando yo era pequeña, era la única niña de mi calle. Por lo que siempre estaba sola. Mi hermana me saca 12 años.

Y me entretenía sola en la calle. Había un hormiguero al lado de mi portal, y me pasaba horas muertas viéndolas, llevándoles pan... Otros días jugaba sola en la escalera y me imaginaba que era una mamá muy atareada, y ponía mi lavadora de juguete, acunaba a mi nenuco, y lo acostaba. Nunca tuve videojuegos (ni los quise) ni me enganchaba la tele.

Muchas tardes iba con mis padres a una casita que tenemos en otro pueblecito al lado del nuestro, que es muy muy pequeño y dónde no vive nadie. Esas tardes de verano son recuerdos imborrables, lo pasaba genial con mi padre entre los perros, las ovejas, los conejos, y demás animales, y con mi madre en la huerta. Por verano no íbamos de vacaciones nunca, nos lo pasabamos en nuestra casa del pueblo oliendo la yerba curándose y viendo un atardecer tras otro.

Creo que por eso, por estar tan sola todas las tardes y todos los veranos mientras fui niña, me volví adicta a leer. Los libros me abrían un mundo de posibilidades, imaginaba mil historias y vivía los libros como si yo fuera la protagonista. Iba a la biblioteca todos los días que podía durante el curso, leía allí y al irme sacaba un libtro, que leía esa noche, y al día siguiente sacaba otro...

Tenía (y sigo teniendo) mucha imaginación, me inventaba mil cuentos, mil historias, mil cosas. No me aburría nunca porque en mi cabeza siempre estaba viviendo alguna aventura.

Fui creciendo y seguí siendo una lectora ávida. En el colegio les hacía a todos los resúmenes de sus libros de lectura obligatoria, con tal de poder leerlos (todos teníamos uno diferente). Llegó la trilogía de El Señor de los Anillos a mi vida de mano de mi tia, y llegué a tal punto que si alguien abría cualquier página de cualquiera de los tres libros, y me leía una frase, yo la seguía de memoria. Mi madre todavía se acuerda.

No me gustan los libros de amor, ni en los que hay escenas de sexo a patadas (me parecen de lo más vulgares). Me gustan los libros de historia antigua, de aventuras, de civilizaciones antiguas (tengo una gran colección), de épocas pasadas, libros que te enganchen hasta el final con una buena historia que te haga olvidarte de todo lo demás y que te haga realmente vivirla.


Con un libro y una buena imaginación, no hace falta más. Eso fue lo que yo aprendí de mis días de soledad, sólo acompañada por mis fieles amigos de letra impresa que siempre estaban ahí para irnos a matar un dragón, meternos en una madriguera tras un conejo, atravesar una montaña, montar en un unicornio o viajar al centro de la tierra.

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